He comenzado a relacionarme con personas que me abrazan gratuitamente o que me tocan el pelo mientras resuelvo dudas con respuestas tartamudeadas, entre risas nerviosas y otras muchas veces, sonrojadas.
Me asusta el cariño gratuito tanto como los cambios inesperados. Quizás porque en escasos minutos, debo habituarme a la presencia de comportamientos ajenos desconocidos o que el paso del tiempo me había hecho olvidar.
Me ametralla la cabeza con preguntas que no se responder y ante mi cara de desconcierto, me abraza y me sonríe mientras pregunta: ¿por qué eres tan reacia al cariño?
Aunque sinceramente, gracias por intentar acostumbrarme porque creo que realmente es lo que necesito a día de hoy.
















