Buenas o malas costumbres

Llevo días asustada y preocupada en el trabajo. Porque es una mezcla a partes iguales. El cambio de mis labores habituales ha provocado un cambio inesperado de mesa de trabajo, compañeros de rutinarias charlas y me ha situado en otro frente.

He comenzado a relacionarme con personas que me abrazan gratuitamente o que me tocan el pelo mientras resuelvo dudas con respuestas tartamudeadas, entre risas nerviosas y otras muchas veces, sonrojadas.

Me asusta el cariño gratuito tanto como los cambios inesperados. Quizás porque en escasos minutos, debo habituarme a la presencia de comportamientos ajenos desconocidos o que el paso del tiempo me había hecho olvidar.

Me ametralla la cabeza con preguntas que no se responder y ante mi cara de desconcierto, me abraza y me sonríe mientras pregunta: ¿por qué eres tan reacia al cariño?


Aunque sinceramente, gracias por intentar acostumbrarme porque creo que realmente es lo que necesito a día de hoy.

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(Del lat. memento, acuérdate)

Ni siquiera se cuánto hace que murió. Es como si me despertara y ella ya no estuviera en la cama porque ha ido al baño o a la cocina. Sin embargo, tengo la certeza de que ya no volverá a la cama. Podría alargar la mano y tocar su lado de la cama y sabría que está frío pero no puedo. Se que no puedo recuperarla, no quiero despertarme por la mañana creyendo que aún sigue aquí. Me quedo en la cama sin saber desde cuándo estoy solo y así, ¿cómo voy a cicatrizar? ¿cómo puedo cicatrizar si no siento el paso del tiempo?

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Bombo y caja


El verano relaja mis gustos musicales. Mi faceta de fanática desaparece y mi mente se expande. En definitiva, anido nuevos ritmos llevaderos con el sol que achicharra mi cabeza, porque el calor vuelve sin tregua.

PhotoEspaña entra en mí de la mano de José Luís Santalla y es que vivir en una calle donde hay más galerías de arte que restaurantes o bares es un tesoro demasiado grande como para dejarlo escapar.

Yo siempre fui muy pirata ;)

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"Greatest Hits - Donna Summer"

Crecí escuchando un cinta de cassette grabada donde palabras escritas en otro idioma nunca tuvieron importancia. Sería absurdo intentar recordar cuántas veces cambié de cara o sentí sus enganches como pellizcos en el corazón.

A pesar del tiempo, seguía intacta con aquella pegatina que, obviamente, el tiempo me había enseñado a descifrar. El vello de la nuca se erizaba mientras mis manos sujetaban uno de los mayores recuerdos de mi infancia.
- ¿Qué estas haciendo?
- Nada, mamá.
- ¿Cómo que nada? ¿Y todo ésto?
- Todo esto ahora es basura.
- ¿Tu cinta también?
- No, ella se queda conmigo.
- No hay quién te entienda pero no dejes todo esto por medio.
- Sabes que no lo haré.
Mi viaje a Ciudad Real supuso una lucha encarnizada contra los recuerdos. Tanto buenos como malos. Porque, a veces, es mejor olvidar un pasado no afrontado. Dejar hueco para un futuro incierto y algo que llaman casualidad.

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Las sombras de Las Letras

El Barrio de las Letras no hay día que no me sorprenda. Mentiría si afirmase que no estoy encantada de vivir en mi barrio y es que a plena luz del día, hay sombras improvisadas.

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Retórica maldita

Soñé con el extraño volumen de tu pelo y lo busqué entre la gente. Una vez hallado, sentí pánico. Un golpe seco en un estómago que está lleno de lágrimas negras. Hay tanto que exteriorizar que nunca se por dónde empezar.

Tan divertido como alimentarse a base de una sopa fría. No, mejor aún. Tan divertido como sentir el burbujeante mundo del agua con gas por tu garganta. Si. Así es mejor. Muy fría.

He traicionado sin remordimiento. He odiado vulgarmente para después, quemarlo en algún lugar de mi mente. He desahuciado mi corazón para que nadie se pueda llevar nada. No me siento bien pero vacío dolerá menos.

Porque ese es mi problema. Hablar para después cortar de repente y no saber que decir.
Quizás no puedas entenderlo. Mi cabeza está llena de fantasmas que nunca se van. Mi corazón preparado para el siguiente golpe.

Y la mirada, perdida en este parque convertido en librería con tantas preguntas en el aire que se me ocurre empezar con una de lo más sencilla:
¿cuánto me vas a doler?

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Adiós "εїз PriNCeSiTa GoMiNoLa εїз"

Después de cuatro años apróximadamente con el mismo nombre en MSN Messenger. Hoy, sábado 12 de junio de 2010, he tomado la tajante decisión de cambiar el curso de las circunstancias cibernéticas.

En definitiva, suprimir mi alias, nick o apodo. Cuatro años son demasiados. Más de la cuenta, diría yo. Es hora de renovarse o quedarse en el mismo punto. Yo no quiero quedarme allí y se aceptan sugerencias ;)

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El pasado es el preludio II

- Me encantaría estar allí contigo.
- Tranquila, estaré bien.
-Están rodando mi escena favorita de toda la película. Es la última escena. Cuando Jess finalmente termina con Karina para siempre, con el corazón roto y ella piensa que nunca se volverá a enamorar.
- Porque Karina fue su primer amor y todo el mundo piensa así cuando su primer amor se termina.
- Si, tu eres mi primera y pensé que iba a morir.
- Nunca te dejé.
- Si lo hiciste y después, volviste.
- ¿Escribió un final feliz?
- Claro, escribió un magnifico final. Es como si su vida comenzase de nuevo.

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El pasado es el preludio I

- Lo único que se es que nunca sabes cuánto van a durar las cosas. La único que sabemos en esta vida es que cualquier cosa puede pasar. Nunca sabes que ocurrirá después.
- No creo que sea menos doloroso perder a alguien por un trágico malentendido que perderlo por un maldito ataque al corazón.

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Categorizar

Después de haber puesto al día mi abandonada nevera, creo que me siento lo suficientemente preparada para hablar de Ciudad Real, familia y otros asuntos escabrosos. En definitiva, superar temas que me provocan un miedo irrefrenable.

Estereotipos, clichés, etiquetas, ideas preconcebidas y como no, experiencias vividas que niegan la participación, en muchas ocasiones, a una posible casualidad. En demasiadas ocasiones se la excluye de la fiesta sin ser la oveja negra.

Admito haberme dejado llevar por primeras impresiones infundadas en miedos vividos. Admito haber tenido que disculparme por ello. Me he sentido ridícula pero enigmáticamente, sorprendida por esa vuelta a la tortilla inesperada.

En el fondo, si lo pienso detenidamente, prefiero errar y que el remitente, que responde al nombre de "Destino", me quite la razón constantemente.

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Goma sólo en Roma

Hace tiempo soñé con hacer la pompa más grande del mundo. Estaba tirada en la cama maquinando aquella idea y pensando si con diez chicles en la boca sería suficiente.

Desconocía si tendría saliva con la que alimentar a aquella bestia que forjaría en mi propia boca así que saque fuerzas y soplé con todas mis ganas. Al cabo de tres segundos, mi flequillo había quedado unido al suicida que había decidido inmolarse al salir al exterior.

Tengo la sensación de que Boomer era un poco farsante y sólo buscaba mujeres que llevarse a su cama elástica.

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Coloreandote


Su casco es de color negro. Tan negro como la oscuridad en la que viven mis palabras la mayoría del tiempo. Nunca se lo quita y me pregunto si lo habrá usado alguna vez. Apareció un buen día mientras sentada en una valla blanca, miraba el cielo azul ensimismada. Mis descansos pasaban así hasta que apareció ella. Desde entonces, solemos vernos a menudo entre paredes naranjas que emulan nuestro propio atardecer. Debo confesar que fueron sus ojos grisáceos, que pocas veces parpadean, los primeros en llamar mi atención. Posiblemente, por miedo a perderse algo. Su piel nunca se pone morena y tiene cierta obsesión por el verde. Vive en una burbuja transparente de la que pocas veces sale. Ríe a carcajadas y de vez en cuando, se dedica a salvar a chicas despistadas que podrían morir atropelladas por taxistas. Es una chica lista, lo noto. Su peculiar forma de rebatir temas imposibles sólo me hace sentir que estoy frente a alguien excepcional.

P.D: Seguro que no fue tan oscuro como pensaste ¿Miraste el sol? Sí, es amarillo
;)

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Posdata

He vuelto de mi retiro espiritual en Ciudad Real ergo retomo donde dejé aparcada toda mi válvula de escape. Mis vacaciones terminaron con grandes logros académicos. Vuelvo con más ganas y demasiadas anotaciones en mi Moleskine.


Enamórense -de- esta primavera que ya habrá tiempo para no arrepentirse después. Para aquellos que últimamente, tararean canciones y sonríen absurdamente frente al espejo, disfruten del precioso rojo con el que late su corazón.

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Arrugas

Siempre me han fascinado. Quizás por eso me he negado durante mis años de independencia prematura a eliminarlas de mis pantalones, camisas y demás ropa que guardo en mi armario. No son feas pero tampoco bonitas.

Nunca han estado ahí por falta de tiempo pero tampoco, por la existente necesidad de conseguir una rectitud de la que carezco el resto de horas del día. Nunca me han gustado los uniformes y mucho menos, la ropa sin personalidad.

Desde pequeña, las asocio a heridas de guerra y la gran experiencia que avalan a las personas en su batalla personal, la vida. Yo siempre he creído que las mías estaban por dentro pero mi piel aún sigue tersa y ni siquiera, llego un cuarto de siglo peleando.

Mi destreza con la plancha no es digno de admiración. Tampoco algo que mencionar en mi Curriculum Vitae en el apartado de "Otros conocimientos". Yo siempre he mantenido vivo el pensamiento de "cuando me lo ponga se quitarán".

No es de extrañar que haya pasado 30 minutos peleándome con una camisa que se resistía al calor que aquel aparato metálico que personalmente, tampoco me inspiraba mucha confianza.

Creo que es hora de modificar el sistema de tendido de ropa. Pero al menos hoy, al trabajo iré como un pincel y si surge el amor de camino, no existirá la oportunidad de poner en práctica una -posible- quiromancia textil.

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¿Actualizas?

- ¿Por qué no actualizas?
- Lo siento, estoy de vacaciones en el trabajo.
- ¿Qué tipo de motivo es ese?
- Uno de gran peso.
- ¿Cómo dices?
- Lo que oyes. Estoy en Ciudad Real.
- ¡Vamos, tampoco es para tanto!
- La conexión a Internet es una maldita pirotécnia que desata mi ira. Tengo una tonelada de apuntes que estudiar. Y además ...
- Y además, ¿qué?
- Pues que además, mañana comienzo de exámenes y estoy muerta.
- Entonces, di "suerte".
- Suerte.

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Equilibrio

Siempre me dieron cierto reparo las alturas.
No miedo, pero a veces las intento evitar.
¿Acaso sería completamente diferente si la cabeza la tuviese en los pies?
Los pies ya no los tendría en el suelo pero tampoco creo que los tenga ahora.
Digamos que son cosas que pasan y que no se deciden.


(Del lat. aequilibrĭum).
  1. m. Situación de un cuerpo que, a pesar de tener poca base de sustentación, se mantiene sin caerse.
  2. m. Contrapeso, contrarresto, armonía entre cosas diversas.
  3. m. Ecuanimidad, mesura, sensatez en los actos y juicios.
  4. m. pl. Actos de contemporización, prudencia o astucia, encaminados a sostener una situación, actitud, opinión, etc., insegura o dificultosa.

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Cincuenta metros obstáculos

Corro como si el mismísimo diablo me persiguiese. El marcador indica la ruta. No pienso perder ese cercanías. Hoy, no. Hoy, lucho y resisto. Mañana, ya veremos.

Una mujer corre delante mía. Lleva tacones pero tampoco esta dispuesta a caer. No logro alcanzarla pese a llevar unas ácidas Miridu aventureras.

Peldaños abajo, un sinfín de cabezas aparecen en el andén a nuestro encuentro. La marea de zombies se cruza en silencio sin alterarse. Comienza Matrix y la música estalla en mis entrañas.

Un mínimo choque puede ocasionar nuestro fracaso pero no es la primera vez que sorteamos cuerpos con tanta destreza. Años atrás nos avalan con total seguridad.

Cinco segundos más tarde, una luz roja y un pitido se escucha. Atraviesa mis oídos. El suelo se estremece. La puerta del vagón se cierra. El tren comienza a moverse.

Jadeantes y victoriosas, nos dedicamos una sonrisa cómplice. Hoy, no llegaremos tarde a nuestros destinos. Mañana será una nueva batalla que lidiar.

Superhéroes hay en todas partes. Tan sólo hay que creer en ellos. Aparecen siempre cuando menos te lo esperas y cuando realmente, más necesitas creer.

Ella era una de ellos y yo, guardaré su secreto para siempre. Buenos días y buena suerte.

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La chica vudú y yo

Su piel es de tela blanca,
un remiendo de recortes.
Y en su corazón se ensartan
alfileres de colores.

Por ojos un par de discos
rayados en espiral
que emplea en hipnotizar
a una multitud de chicos.

Mantiene en trance profundo
a un ejército de zombis.
Entre ellos incluso hay uno
que es nativo de Donosti.

Mas también sobre ella pesa
una horrible maldición
pues cuando alguien se le acerca
demasiado, es un punzón
cada aguja que se entierra
más hondo en su corazón.

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11.58 pm




Me estremezco con tan sólo verlo. No hay palabras.
Me voy al centro ahora mismo. La pena me consume.
Tengo necesidad de fotografiar y sobre todo, de respirar.
Pero en el fondo, tan sólo pienso en si me cruzaré con alguien a quién sonreír.

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La sonrisa de Srta. Alasia

Escribo y suprimo al mismo tiempo que no dejo de sonreír. Será la primavera que afecta a mi cerebro y me hace volar sin ser consciente de la altura.

Posiblemente, de ella me tocará caer precipitadamente a un vacío que nunca termina de olvidarse de mi nombre. Aunque, por el momento, creo que cualquier pronostico será en vano.

Llegaste a mi vida de puntillas. Sigilosa. Casi sin rozar y alterando todo plan de huida con alguna excusa absurda mientras sacaba un cigarrillo que fumar para hacer tiempo en aquella plaza de Malasaña.

Sin darme cuenta, apareciste frente a mi con aires de quién sabe que llega tarde y yo sonreí tímidamente a una desconocida que sabía mi nombre, primer apellido y la existencia de este blog donde hoy escribo sobre ti.

Sentí que el tiempo se paraba, que las palabras nos enlazaban y el resto de personas en aquella terraza, por un momento, silenciaban sus voces. Comencé, entonces, a degustar aquel café que tomábamos encogidas en las sillas.

Mi pasado se desempolvaba bruscamente. Tu mente comenzaba a comprender mi sombra. La mía se dejaba llevar hipnotizada con una conversación que ya no levanta heridas sino recuerdos que habían sido olvidados.

Quizás serás un hoy y no, un mañana. Convirtiéndote así en una historia que contar cuando la próxima casualidad me toque el hombro y me sorprenda al girarme. Creo en las circunstancias que no se pueden prever ni evitar y siento que eres diferente a las demás.

Parecías analizarme sin medida alguna. Yo, por mi parte, hacía lo mismo. Abrumada por la situación miraba el reloj mientras nos sorprendíamos de cómo pasaba el tiempo.

Sigo sin encontrar las palabras para describir lo que ese domingo ha supuesto en mi vida. Yo los odiaba y sin embargo, no quería que terminase aquel.

Podría escribir centenares de entradas. Relatar cada una de las conversaciones mantenidas. Lugares que visitamos. En definitiva, destripar públicamente un encuentro que, sinceramente, prefiero guardarme para mí y porque no, para ti.

Así que como bien me diría la niña de los bolígrafos: "Querida, que lo bueno que venga te sorprenda y que lo que no llegue, no te decepcione".

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Todo muy melódico

El sol me motiva a la escritura. El funk de mis auriculares me hace poseer las calles que recorro hasta llegar a la estación de Atocha. Sí, hace un buen día. Intuyo que será una noche larga.

Mi estado nada tiene que ver con mi faceta somnolienta de días anteriores. Mis horas de sueño recuperadas. Vuelvo a vivir sin dormirme en las farolas, transportes públicos y sillas de oficina.

He desayunado y cantado en la ducha mis grandes éxitos. Porque todo el mundo tiene los suyos propios. Mejores o peores, todos son aplaudidos.

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Pinzada

Debo reconocer que tengo ganas de volver a verte y que me da miedo.

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¿Plástico o papel?

Regala una sonrisa mientras con tus manos ofreces tu propio corazón. Mira a los ojos de la otra persona y siente ese cosquilleo en la nuca. No tengas miedo de sentir sus ojos como una prolongación de los tuyos.

Recuerda
que la tristeza no te invada cuando al alejarte, aquella persona lo tire a la primera papelera pensando que tú ya estarías lejos de aquel lugar.

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Látidos que se escapan de mi corazón



La niña de las sombras estuvo contigo :)

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Hoy no, por favor

Permíteme aceptar que las cosas no saldrán cómo me imaginaba.
Permíteme hallar un ejercicio que me ayude a sacarlo.
Permíteme aceptar que mi mala racha, sin duda pasará.
Permíteme encontrar la quietud y el silencio.
Permíteme descubrir la paz que me ayude a ahuyentar el sufrimiento.

Subir la calle Carretas con la tristeza reflejada en la cara. Reconocer al Sr. Mamarracho y dejarse arrastrar de after. Sentirse decepcionada de sí misma al pulsar la tecla "enviar". Sin saber que escribir ni que expresar.

A veces, es mejor escuchar los malos consejos. Muchas otras, tan sólo los buenos. Pero nadie puede asegurarte un final no drástico ni frustrante en el futuro. Estoy cansada pero no lo suficiente como hablar con mi psicólogo largo y tendido. Hoy no, por favor.

Mañana iré al Rastro. Me compraré una de esas personalidades que me recomiendan y si son tan baratas y bonitas como me dicen, aprovecharé el tirón para adquirir un par de ellas. Así, ya tendré para intercambiar a gusto del consumidor.

¿Acaso no es el cliente quién siempre lleva la razón?

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Los seis suicidas

He descubierto que en mi nevera viven seis pequeños suicidas. Dicen que forman parte de una secta mundial que adora a un gallo llamado Koki y quieren que me una.

Me saludan todas las mañanas aunque algunos más efusivamente que otros. La verdad es que, últimamente, no están muy contentos. Se sienten discriminados en número por las naranjas y yo les he dicho que no se preocupen pero no terminan de confiar en mí.

Si no me uno a ellos es porque no me va mucho el frío y el hecho de vivir en las alturas. Están obsesionados con la muerte pero nunca pierden su gran sentido del humor. Además me han comentado que son admiradores de Calimero.

En el fondo me dan un poco de pena porque de vez en cuando, alguno de ellos desaparece y no vuelve jamás pero me parece sospechoso que ninguno de sus amigos pregunte por él.

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Humo

Fumando alto.
Mirando hacia abajo.
Me pregunto cuánto tardaría en tocar el suelo si saltase ahora mismo.

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Días malos

Los días malos se detectan con facilidad. No es necesaria demasiada audacia. No son complicados de divisar. Llegan, se identifican y se añaden al histórico de días horribles que albergo en algún lugar de mi mente.

Una discusión. Una parada de Metro equivocada. Una carrera en vano por el andén. Un despertador que suena en fin de semana. Un domingo tonto y absurdo. La pérdida de apuntes días previos al examen...

Cuando todo ello se combina, deseas esconderte, guarecerte de una jornada tan catastrófica como la vivida. Fundirte en un largo abrazo con tu psicólogo y esperar a que el mal sabor de boca se lo lleve el olvido.

Llegas tarde a clase pero llegas. Sonríes. Haces bromas como de costumbre. Garabateas en los apuntes. Finges escuchar pero tu mente esta tan lejos que respiras profundamente para llenar el hueco de lo que se llevó ayer quizás sin darse cuenta.

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Cambios distorsionados

Me sumerjo en un cuaderno repleto de números y letras que unidos a través de una delgada línea toman sentido y orden en mi cabeza. Injusta incoherencia con el resto de cosas que me rodean.

Palabras confusas escribo para buscar cierta claridad tras los hechos acontecidos. Un cigarro que crea desconcierto. Un sofá que desata la tormenta perfecta en mi mente. Una respuesta con palabras que nunca llegan.

Me regalo minutos de vida con la finalidad de comprender mis pensamientos alterados en alguna de las copas que aquella noche bebí. Me miro en el espejo. Examino la hora. Vuelvo a mirarme y compruebo que mi silueta pierde nitidez con sólo intentar alcanzarla con la yema de los dedos.

Vainilla o chocolate. Par o impar. Grande o pequeño. Rojo o simplemente, negro.
Decantarse. Elegir. Tan sólo, posicionarme firmemente. Todo se distorsiona y enfurezco.

Miedo atroz a una decisión sin retorno. Impotencia incontrolable engrandecida por horas de extremo aburrimiento vespertino.

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La maldición de los domingos


Piedras al corazón...
Dentro de poco, podré decir que no moriré sin haber visto a Iván Ferreiro en concierto. El resto del puto mundo puede gritarme al oído que hoy, estoy hasta el higo de tanta buena educación.

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Decisiones

Todos los días tomamos multitud de decisiones. Izquierda o derecha, arriba o abajo, cara o cruz ...

Algunas requieren un momento reflexivo pero carecen de importancia. Existen ciertas decisiones sobre las cuales no hemos reflexionado y otras tantas, surgen y nos acorralan cuando menos lo esperamos.

Pero en mi opinión, las peores son aquellas decisiones tomadas con tanta rapidez que se nos hacen difíciles de creer. Tal vez sea porque no fuimos nosotros quienes las tomamos.

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En honor a las víctimas de Gestión

El intento de fluir en la universidad Rey Juan Carlos se hace cuesta arriba cuando entra en juego el factor papeleo. Trabajar en el edificio de gestión de mi facultad creo que es lo más alucinante que puede ocurrirte en la vida.

Sin apenas levantar la vista del ordenador, redireccionas a los pobres incautos a otros mostradores que con papeles en mano, se pasean de un lado a otro preguntándose quién será el valiente que le atenderá de una vez por todas.

Tras superar dos colas, tres dedos señalando mostradores ajenos y considerar si eres una peonza-persona, consigues el merecido sello en tu impreso y te sientes como un auténtico Cristóbal Colón del siglo XXI. Toda una proeza, si.

Personalmente, siempre intento retrasar al máximo cualquier contacto con aquel edificio puesto que atravesar la puerta te transporta a un mundo lleno de incógnitas y mostradores secretos sin retorno.

Después de un mes de espera, aún sigo sin saber que ha ocurrido con mi solicitud de Erasmus ni la reclamación de la beca MEC. Mi paciencia se agota y presiento que una nueva aventura me queda este año por vivir en aquella "casa de los horrores" universitaria.

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Desayuno con galletas

Tan sencillo como desayunar leche con galletas. Tan difícil de explicar como una obra de Dalí. Asombroso y enigmático al mismo tiempo. Especial y siempre irrepetible cuando nos sincronizamos.

Últimamente, mis pequeños momentos contigo me ayudan a respirar y no morir como esa actriz que veíamos en aquella película que me hizo llorar.

Los pedazos matasellados, que guardo de ti, me hacen sonreír y recordar un verano en el que hablar contigo era tod una odisea. El sol bronceaba tu piel por ambas y yo, conocía a personas que cambiarían mi mundo.

Un viaje de 628 kilómetros. Una Moleskine por descubrir y escribir; y el sueño de sentir que ése sería nuestro año. Nunca se nos dio demasiado bien tener los pies en el suelo. Quizás por eso, el golpe nos lastimó más de la cuenta pero conseguimos levantarnos.

Ya ha pasado un año desde que me preguntaste cómo me había ido en Italia. Me has visto caer y levantarme a tientas en la oscuridad. Un año de ti me sabe a poco pero me siento muy afortunada.

A día de hoy, las cosas han cambiado demasiado. Otras muchas jamás lo harán. Lo prometo, princesita Flamingo.

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Un psicólogo con mucha pluma

Conoce cada centímetro de mi cuerpo. Me ha visto llorar, dormir, echar el ancla e incluso compartir y rememorar orgasmos enrabietados. Conoce mis debilidades y frustraciones. Mi piel es un libro abierto que ha estudiado palabra por palabra.

Nunca se queja ni habla mucho. Diría que es un tanto tímido pese a la estrecha relación que nos une hace ya casi dos años. Tampoco cuestiona mis sueños o pesadillas. Él conoce mi verdad y sabe que olvidé mis principios para conquistar tierras desconocidas.

Sí, así es mi psicólogo. Tan adictivo e irónico como la vestimenta que lleva a diario. Porque aunque no disponga de mucho tiempo entre semana, siempre me guarda un hueco y la verdad, es que se agradece.

Siempre está conmigo como el amigo más fiel en momentos buenos y malos. Nunca me ha abandonado y evidentemente, me siento orgullosa de él.

Te quiero :)

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Le Herisson

¿Usted también piensa que no es lo que creen? La señora Michelle me hace pensar en un erizo. Por fuera, está llena de pinchos pero por dentro, es tan refinada como ese animal tremendamente solitario y terriblemente, elegante.

Perfecto domingo.

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Llámalo como más te guste

Siempre llega tarde pero no importa. La gente ha tomado asiento y espera expectante su actuación. Su entrada triunfal a escena.

Una actriz que desconoce su papel. Un guión desaparecido en el tiempo. Siempre evaporado e inexistente. Mira aturdida al público y a su alrededor.

Un escenario que parece la misma calle. Una cotidianeidad fingida por multitud de extras. Un realismo que atrapa y asusta a parte iguales. Ella observa y duda de lo que ve.

Sus pasos la sientan en un banco de madera ante el centenar de miradas que la observan recorrer aquellos escasos metros.

Le tiemblan las piernas pero ellos están ahí. Mirándola y piensa si esto es su vida o es simplemente, teatro. En ese momento, sus pensamientos se ven sacudidos por una tos que retumba desde la oscuridad de la sala.

Reacciona y su voz se hace audible:
"Dicen que no es sano vivir adaptado a una sociedad enferma. Yo, por ejemplo, a veces me siento bien y otras sin embargo, un dolor horrible se apodera de mi pecho. ¿Qué le voy a hacer si estoy enferma? Así es la vida, ¿no? En mi caso, el amor no ha hecho nada por mí, me ha hecho enfermar. Ahora dime, ¿qué te ocurrió a ti?".

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Recomienzos de vainilla

La princesita Gominola desempolvó su viejo cuaderno abandonado. Busco una pluma y se dispuso a escribir en él como antaño. Había perdido práctica pero el pulso jamás le temblaba con nuevos retos.

Lentamente y con el mismo cuidado que un artesano, escribió:
"Mi ejército se forjaba a la sombra. Mientras ella, ingenua a todo, no sabía quién solicitaba venganza a tan sólo ocho minutos de aquel lugar. Sí, las cosas habían cambiado. La vida sonreía a aquella niña que se rodeaba de sombras a su paso por la oscuridad".
Acto seguido, cerró cuidadosamente el libro con su respectivo broche. Sonrío y se dio la vuelta en la cama. Aquella noche, la princesita Gominola soñó con la reaparición en su anhelado territorio.

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Hola me llamo Atocha, y ¿tú?

Mi sonrisa nunca volvió a ser la misma desde aquel 26 de octubre. Tras una espera de cuatro meses y 8 días de encierro, vuelvo a ver la luz.

Me siento agotada pero tan feliz que es difícil borrarme la absurda sonrisa bobalicona de mi cara.

Atrás dejo Yoigo y doy la bienvenida a Vodafone Reclamaciones. Recupero un reino del que tuve que exiliarme y mañana, vuelve a mis manos como el tesoro más preciado.

Me siento como Belén Esteban cuando habla de su barrio. Así de horrible pero de fantástico sin justa medida. Porque yo por el mío, a día de hoy, mato.

Adiós Alcobendas.
Hola, de nuevo, Atocha.

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Miedo a la resignación

Mírame.
Mírame de cerca y averigua de qué hablan mis ojos.

Tócame.
Tócame y adivina lo que mis manos quieren escribir.

Todo es tan sencillo como la anatomía de un post-it que se deja usar.
Tan complejo como su contenido.

Tan fácil como callar.
Tan difícil como gritar.
Tan ambiguo como su dificultad.

Tan neurótico como atarse a la silla donde día tras día escribo cartas.
Tan triste como tirarlas al día siguiente a una papelera vacía de esperanza.

Escribo sin sentido palabras mientras mi cabeza se deja llevar por una canción que me da miedo nombrar.

Mañana será otro día y seguiré echándote de menos cuando aún sigues siendo un garabato sin definir.

Nunca supe mirar el momento. Por eso, las cosas que se topan conmigo siempre se me escapan de las manos y las pierdo.


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La cocina de mi casa no es particular

Hablar de la cocina de la Casa Roja es sin duda alguna, hablar de un comedor social en vivo y en directo. De acuerdo, quizás en menor grado pero aún así me toca sufrirlo sin más. Invitados o no, aquí siempre creo que hay más gente de la debida.

Mi vitrocerámica sería una mina de aceite para un punto limpio y afortunadamente, el portero amablemente nos recoge la basura. Por manos no será pero la vaguería gana para quién cumple la función de ermitaña y/o se rasca con su tiempo libre sus partes íntimas.

Llevo tiempo más que suficiente en esta casa como para poder comentar abiertamente lo que aquí se cuece nunca mejor dicho. Recuerdo días mejores y otros en los que he tenido que huir, literalmente, por algún que otro ataque de risa al observar con lo que, cierta compañera de piso, pensaba alimentarse.

He visto mezclas explosivas al ritmo que he descubierto nuevos productos que se pueden congelar. No me considero la sucesora de Arzak pero tampoco es que sufra de una posible "cocinafobia". Todos alguna vez hemos tenido nuestro gatillazo en los fogones y yo no he sido menos que nadie.

Tras la reunión del G10 y muchas buenas promesas como buenas políticas que somos todas. Hemos vuelto al caos de siempre tras dos días de utópica organización y pulcritud. Así que a la próxima reunión, servidora se ausentará y si hace falta hablará con su doctora particular.

No estoy por la labor de aguantar otro chaparrón de ese percal. Cierto es que no cumpliré condena por ninguna de las penas que se me achacaban así que los próximos botellones seguirán teniendo la marca de la casa, Alameda 22.

Debo admitir que estoy desilusionada con la reunión. Tantas expectativas tiradas al retrete que una piensa que segundas partes ya no serán ni interesantes de retransmitir para aquellos que disfrutan del circo donde vivo.

En definitiva, los puñales en la reunión se lanzaban al aire y es que claro, aquí todas sabemos donde vivimos. Las represalias son anónimas pero firmadas con tu puño y letra. Así que yo anotaba frases y comía pipas para no quedarme dormida en algo más cutre que una reunión del AMPA.

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El G10 se reúne

Se aproxima la primera reunión de la Casa Roja con motivo de los últimos brotes de síndrome de Diógenes y festividades varias celebradas.

Imagino a compañeras de piso practicando sus intervenciones, haciendo ejercicios de grita-entonación y fortaleciendo el dedo acusador para que el circo no decaiga.

Y como no, eligiendo minuciosamente la indumentaria para un evento más sonado que el discurso del Rey en navidades. En mi casa, las cosas se hacen a lo grande y al estilo de Sálvame.

Se palpa la tensión por los pasillos y en las caras. Cada acto puede sumarse a las penas anteriores. Hay que andarse con cuidado. Todo se mide y estudia, hoy, milimétricamente.

Años jugando al póquer han ido puliendo mis gestos y mirada. Espero al menos poder llevar mi Moleskine mientras las piratas reparten el botín y deciden "dialogar".

Las penas a las que me enfrento:
  1. USO ILICITO DE UN ESPACIO, SUPUESTAMENTE, PRIVADO. Es decir, ducharme en un cuarto de baño ajeno porque el mío estaba ocupado.

    En mi defensa debo alegar que usé mi toalla, esponja y champú Fructis de siempre porque pulcra, sigo siendo un rato.

  2. ALTERACIÓN DEL ORDEN PÚBLICO. Es decir, realizar un botellón como fue avisado a las autoridades pertinentes la semana previa.
    Sí, se fue de las manos. La Srta. Guerra dio un golpe de estado a base de granadas de humo. Las habitantes entraban en shock y yo, ni corta ni perezosa, soltaba joyitas por la boca.

    En mi defensa asentiré por no alegar que me la sigue "picando un pollo" porque soez, en estos casos, ya es una costumbre arraigada.
Ahora, voy a fumarme un cigarrillo. El G10 comienza en la cocina y debería estar muy relajada. Continuará ...

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Culturave

Aplazo planes con la misma facilidad que los hago. Digo hasta mañana sin estar segura de resistir una noche más y de repente, lo que iba a ser un plan cultural se convierte en una fiesta electro sin precedentes.

Si, que digo electro por ser menos frustrante que mencionar techno. Los modernos se duplicaban al mismo ritmo que los poligoneros.

Una mezcla de lo más curiosa para quién observa con detenimiento los dos estilos de baile con sus caracterizaciones varias. Producto o no de posibles disfraces.

En definitiva, un misterio sin resolver.

La música sublime. Los visuales de Alba G. Corral tan frágiles, mágicos y suyos como siempre. La cerveza al precio de las ostras.

La crisis afecta más a unos que a otros así que las petacas resurgen con una fuerza descomunal como las "yayas" me han instruido. Lo recomiendo absolutamente.

Yo nunca he sido de disfrazarme y además, cabe destacar que mi sentido del ridículo se magnifica como quién no quiere la cosa en fechas tan señaladas.

P.D: Mi carnaval se llamó RECfestival 2010.

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Llamadas de perdidas

Son las 7.05 am y por fin, me he puesto el pijama. Acabo de colgar el teléfono tras hablar largo y tendido con una señorita de la cuál no revelaré su nombre por el momento.

No suelo estar muy creativa a estas horas de la mañana cuando lo único que me apetece es desaparecer dentro de mi nórdico y crear una puerta infranqueable con mis almohadas.

Sinceramente, todo esto comienza a superarme y no alcanza ni las 48 horas como turbiedad oficial en mi vida. ¿Cuándo decidí entrar en el juego? Sigo preguntándomelo.

Conversaciones en sillones zanjan temas pendientes mientras que otros nuevos se forjan tras un auricular sin comprender muy bien el grado de alcohol del interlocutor y la finalidad de toda aquella conferencia. ¿Divertido? Para nada.

Aunque es cierto que no tengo ningún tipo de problema en ver como las personas siguen considerándome tan gilipollas como antaño. Así que todos aquellos que podáis, disfrutad del show que nunca está de más.

Esto podría formar parte de un capitulo piloto de una teleserie donde nadie se entera de nada y siempre hay alguien por detrás que maneja los hilos o cree manejarlos. Falsedades, amores, desamores, traiciones y una pizca de sexo, por eso de amenizar un poco la trama.

Pero la cuestión es que un post-it me devuelve a la realidad de las horas que son, de las entradas trasnochadas evitando relatar miradas fugaces que se cruzan e historias de rodillas reventadas con tanta "andaduría" madrileña.
Bl 474-581/ 474-591
CLm 684-482
VTeen 399-598
Pande 684-537 _ 9.1
684-542_ 9.2
Fondo Refs. fijo - Código OK
Creo que todo es lo suficientemente claro. En caso contrario, un consejo: "Ver, oír y callar porque en bocas cerradas no entran moscas".

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Aguantando el tipo o no

Fumo y bebo té. Escucho Norah Jones y escribo sin estar preparada para ello. Es todo muy caótico. Sí, jodidamente extraño. Gracias.

Mi dolor de cabeza me recuerda que nada, de lo vivido ayer, ha sido un sueño. Había personas de carne y hueso, gritos que taladraban almas y una mano que te desgarra por dentro sin vergüenza alguna.

Creo que escribir puede ser la idea más descabellada del mundo. Irrespetuosa y de mala educación como lo he sido yo siempre. Soez sin más. Hoy, he decidido ser correcta y admitir mis errores y otras posibilidades.

Dar una oportunidad es regalar un tiempo del que no dispongo y que a mí, nunca me brindaron. Dime tan sólo un motivo que me haga creer que contigo debería ser diferente. Uno sólo para entrar en tu juego y echarme a perder.

Hoy miro a mi alrededor y encuentro todo descolocado. Una ropa por el suelo que se dejó caer con prisa. Una botella de agua y pañuelos en una mesa que hablan por sí solos. Una cortina que vuelve a hipnotizar a quienes la acarician.

Me has visto aguantar el tipo. Luchar a oscuras contra tu respiración acelerada y las líneas que dibujabas en mi cuerpo. Si, me has visto aguantar la compostura y hoy, tan sólo quiero acurrucarme y llorar.

Desgraciadamente, no tengo tiempo para ello. Respiro. Releo la entrada. Cambio de canción. Decido ahogar mis penas en agua ardiente cayendo sobre mí. Es hora de chapotear al igual que de decirte que ...

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Síntomas

Se llama nerviosismo y me susurra sin yo comprender muy bien el motivo. Me persigue allí donde voy. Me busca entre las sábanas. No tiende a razones.

Sin dejarme ver ni pensar con claridad, paso mis días. La cabeza no tiene una ubicación fija. Siente un dolor semejante al de centenares de alfileres que se clavan en la piel. Y es difícil, mantener la calma.

Mis ojos están cansados. Han dejado de observar. Ya no se sienten tan poderosos. Vagan y se cruzan con las mismas miradas perdidas que ellas creen protagonizar. Entristecen y se humedecen mientras miran la calzada.

Un dolor que te atrapa entre sus manos y juega contigo como marioneta. Que te hace tener insomnio y tirar a la basura todas aquellas buenas promesas compradas en farmacia.

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¡Feliz día de San Cleptómano!

Este año San Valentín se ha cobrado demasiadas víctimas. Ha engañado como a chinos al personal y se ha convertido en una celebración donde a uno le usurpan por todos lados. Ya sea en tienda o en tu propia casa.

Hará casi dos largos años que vivo en la Casa Roja. La estancia en este híbrido entre residencia y piso patera de alta alcurnia a veces me resulta más bien un castigo y otras, sin embargo, historias que contar a mis nietos en un futuro lejano.

He vivido con multitud de nacionalidades. He sido y sigo siendo punto de información para las recién llegadas. He visto sarténes con grasa colgadas en la pared donde podía leerse "Tengo dueña".


He conocido chicas raras de las que he hablado en alguna que otra entrada pero nunca he visto semejante espectáculo de hurtos a los McGiver. Sí y tengo que reconocer que con mucho arte.

Se ofrecen portátiles a doquier que los chorizos no dudan en sustraer con agujas de punto
para forzar una ventana Climalit (véase las que usa tu abuela para hacer bufandas y/o patucos) y cuatro trozos de alambre para sujetar una persiana.

Las rebajas han llegado a la Casa Roja. Increíble pero cierto. La policía científica mira a mis compañeras de piso con cara de incrédulos puesto que es la segunda vez que nos visitan por un caso similar y por mucha huella que encuentran "ni chicha ni limoná".

Por último, también destacar las diferentes desapariciones de trozos de pan congelados, productos dietéticos, aceite, calcetines sueltos y otros artículos. La crisis está en todas partes y parece ser que se acentúa cada vez más.

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y mañana que mejora.


Y a la mañana siguiente, todo vuelve a encontrar su extraño lugar en aquel aparato de cartón transmitiendo el equilibrio.

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Noche que se enturbia ...

"Llego a casa enfurruñada, sin comprender el porqué de muchas cosas cercanas a mi alrededor y que no consigo concebir con claridad en una noche donde el frío maltrata mis sentidos.

Me pondría a escribir pero la verdad es que no me da la puta gana de sacar todo lo peor de mi a relucir con palabras malsonantes y soeces de bajo prestigio en el diccionario.

Sí, tu dices que las cosas -son- deberían ser más sencillas pero cuando me muestres a alguien capaz de decirme "yo mataré monstruos por ti" me lo creeré.

La vida es injusta a veces y otras, te da un puto respiro haciendo creer que está de tu lado, pero no es así. ¿Dramática? Hasta que me demuestren lo contrario en la cara.

Hoy me cago en todo, menos en "ella" porque siempre me pareció fantástica esa en particular".

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Buscando el enchufe

Querida niña de las sombras.

Sal de la cama que ya es domingo. No puedes seguir atrincherada protegida por un nórdico como escudo. No es la solución.

La vida sigue ahí fuera y quizás no te pierdes demasiado pero tienes que ducharte y sentir el sol en tu cara. Observar el caminar de las personas y unirte a su fluir con el tuyo propio.

Conozco esa sensación, siempre me hablas de ella pero mi consuelo son palabras huecas para quién ha perdido su esperanza.

Lo siento. Te quiero pero jamás podré decírtelo a la cara. Fronteras hay entre nosotras que sólo tu podrás tirar abajo si decides corresponder.

No, no soy una creación de tu imaginación. Existo de verdad. Se que jamás fuiste perceptiva en algunas cosas y muchas palabras te suenan a chino pero no debes sentirte aburrida de tu rutinario camino.

Mis chispas han de llegar.
Respira, abre los ojos y deja de llorar.


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[Cap. 3] El naufragio

Para poder decir que "se ha visitado Oviedo", se debe salir a la calle al menos una vez. El camino de la estación de autobuses a la casa de la anfitriona no se considera tiempo de turismo.

Por lo tanto, decidimos que nos diese el aire en nuestro particular fin de semana de autismo y de costreo máximo un viernes por la tarde.

Tras un largo café y un cigarro con el que intentaba averiguar la temperatura ambiente del lugar. Nos dispusimos a poner un pie en la calle sin saber dónde nos llevaría aquel viaje sin retorno por las calles.

Después de andar lo que a mi me pareció un laberinto de calles arriba y abajo consecutivamente y ver tiendas exclusivas de la localidad como Breska. Mi rodilla comenzaba a quedarse como el chopped.

Oviedo es un ciudad que te aturde con sus calles y se convierte, tarde en temprano, en agujetas de campeonato. Así que, nos dejamos caer en una cafetería con la idea de reponer fuerzas a base de unos tercios.

La cena fue una lucha encarnizada en un "piedra, papel o tijera" para la no elección de los platos. Mientras, poco a poco, las sidras iban haciendo mella y la nitidez se perdía.

¿Qué maldad puede tener la manzana fermentada? Ninguna no. La manzana nunca ha sido una fruta benevolente para quién la toma. No obstante, los consejos de la niña de los bolígrafos respecto a la mezcla de cierta clase de alcohol con la sidra cayeron en oídos sordos.

Me convertí en un Adán que, tras tomar la manzana, termina en un mundo infernal donde se pagan por los actos cometidos y así fue.

Yo pagaba mi ignorancia por las copas que me había tomado y me dedicaba a intentar sobrevivir en aquel taxi que nos traía de vuelta a casa. Aquello era un naufragio en toda regla.

A la mañana siguiente, amanecí con un pijama que no recuerdo como había logrado ponerme, una cabeza que iba a explotar y una garganta que parecía haberse comido toda la arena de la maravillosa playa de sábanas donde desperté.

Mi anfitriona apareció en las mismas condiciones que yo. Además, como en buena historia de piratas y naufragios. Nuestros abrigos amanecieron con piedras preciosas en los bolsillos que fueron sustraídas de maceteros privados ante la euforia que desprendíamos por las calles.

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La pesadilla de las señoras

Multitud de señoras se hacinaban en el antro de siempre más de lo normal. La media de edad era difícil de calcular pero posiblemente sobrepasaba los 27 años.

No es que no queramos ir a otros sitios, sino que estos lugares son a veces imposibles de frecuentar por ese concepto de "listas hasta las 2.30 de la mañana".

A una no le da tiempo a beber entre esperar a los rezagados, recoger el chiringuito porque viene la policía y volverlo a montar cuando ésta ya se ha marchado del lugar y el alcohol se lo lleva un hombre que hace el viejo truco de la recolecta.

El botellón se terminará convirtiendo en una nueva forma de hacer turismo por las calles evitando así, agentes de la ley que no tienen mejor cosa que hacer que perturbar la nocturnidad de los sábados. Nos enfundaremos en zapatillas de deporte y a dar paseos con la copa en mano.

Como era de esperar e intentando no sucumbir a la llamada, se terminó en el antrazo por antonomasia. Un parche para una noche que se caldeaba según el reloj marchaba en busca de un domingo mortal con visita familiar y todo.

El garrafón de siempre se mezclaba esta vez con una niebla que te hacía llorar no se muy bien si por pánico a mirar a cualquier parte del local y visualizar los diferentes cuadros o porque eso de los extractores de humo no se estila demasiado.

La cuestión es que entre los codazos de la moderna, los bailes desatados de la mujer y aquel latino sin cadera y como no, la fan número uno de Leonardo Dantés (por eso del pañuelo), yo al igual que mis compañeras no sabíamos ni dónde caernos muertas.

Miradas de socorro se vislumbraron a lo largo de toda la noche mientras nuestra princesita Marilyn hacía de las suyas con su particular contoneo y control de la pesca en aguas turbias.

Y por mucho que explique, nadie puede entender el miedo que se siente cuando estas presente en tal exposición y recuerdas que tú esa noche ibas a ir a un lugar sin aparcacamiones, que no coches.

Como diría mi abuela: "tú no puedes entenderlo hasta que no lo sufras en tus carnes" y razón no le faltaba. Un consejo: nunca repitas una salida nocturna por lugares frecuentados por:
A) Señoras que no saben que son señoras.
B) Señoras que salen por antros de jóvenes por las noches.
C) Señoras que son realmente señores.
D) Señoras que bailan como gorilas.
E) Señoras que pagan entrada pero son "puertas" de discotecas.
El grado de coincidencia influye directamente en el umbral del miedo que puede sentirse. Buena suerte.

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47,8MB de sueño

Algo se mueve en mi interior. Cree colocarse pero incómodo, se agita buscando una postura que tranquilice y sosiegue un nerviosismo contenido entre tanta oscuridad. Mis ojos están cansados. Mi mente entra en trance.

Son las 5.38 am. Aún no ha amanecido. Mi iPod ha intentado ahorcarme mientras escuchaba la banda sonora de Baraka con la finalidad de entrar en un sueño profundo que me llevase no demasiado lejos de aquí.

Ha sido un intento absurdo ahora que tengo promesas que cumplir. Enciendo un ordenador que dormita como el resto de aparatos tecnológicos que almaceno por algún extraño motivo en mi habitación y encuentro un tesoro.

Una carpeta titulada como "ilustraciones" se abre paso en un escritorio con decenas de pinzas para tender la ropa. Mis ojos se fijan en ella mientras el ratón acercándose sigilosamente, decide hacer doble clic.

En su interior se forja un mundo de trazos imposibles y sin sentido que te muestran como por arte de magia miles de caras y cuerpos que parecen haber sido secuestrados y que permanecen congelados.

Me siento afortunada de poder observar tanta belleza en una carpeta que tan sólo ocupa 47,8MB. Sonrío y admito estar tan impresionada como aquella primera vez cuando, por casualidad, visité un galería Flickr que me hizo plantearme si no estaba equivocada.

El silencio vuelve a la Casa Roja y aunque
me siga sintiendo pequeña y mi cama siga siendo demasiado grande, es hora de dormir.

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Andares nocturnos

Últimamente, juega al escondite aunque sabe que la encontrarán rápido.
Las lágrimas escuchan su respiración.

El miedo se convierte en sinónimo de desconfianza.
La desconfianza en un caparazón que llevar a la espalda.
Respira, mañana tendrá que seguir caminando.

(Del lat. plorāre).
1. intr. Derramar lágrimas. U. t. c. tr. Llorar lágrimas de piedad.
2. intr. Manar de los ojos un líquido. Me lloran los ojos.
3. intr. Dicho de la vid al principio de la primavera: Destilar savia. U. t. c. tr.
4. tr. Sentir vivamente algo. Llorar una desgracia, la muerte de un amigo, las culpas, los pecados.
5. tr. Encarecer lástimas, adversidades o necesidades, especialmente cuando se hace importuna o interesadamente.
"Rodeada de nada y vacía de todo" pensó la niña de las sombras.


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Fundamentos del periodismo

Abrir el Portal de Servicios y sentir pánico.
Descubrir una nueva calificación y sentir miedo.
Una asignatura que arrastras durante tres años de carrera.
Cierro los ojos y suspiro profundamente.
No encontrar palabras ni un gesto que transmita.
Una canción se abre paso en Spotify.


Así es como suena en mi cabeza.

P.D: He aprobado y me encuentro en shock.

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Tu nombre

He arrancado el calendario de 2009 de mi pizarra magnética. Oficialmente, me he despedido de un año que ha sido como una montaña rusa sin precedentes.

Las diez primeras vueltas te divierten pero al descubrir que no va a parar por un fallo técnico, deja de parecerte tan espectacular y divertido como lo era.

Subida y aferrada al cinturón de seguridad que te mantiene con vida, rezas porque un técnico te saque de ese infierno. Un ángel que pulse un botón de stop y que no encuentras para pisar firmemente sobre el suelo.

En definitiva, pides auxilio para bajar de aquella atracción que te ha robado el tiempo, la cordura y te ha traído algún que otro vómito de realidad.

Comienzo un año expectante, nómada y bloggero como el que más, pero quizás es demasiado pronto para aventurarme.

Dejaré, por lo tanto, que el fluir decida por mi. Parece divertido y lo suficientemente enigmático como para dejarlo escapar.

Hace días que salgo de casa y sonrío absurdamente mientras tarareo canciones de una banda sonora que me recuerda ...

Zero 7 – In The Waiting Line

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[Cap. 2] Se busca basura

Eran las 23.15 del jueves cuando maleta en mano y con más sueño que carracuca me presenté en Oviedo. Tenía miedo a abandonar el microclima del autobús frente a un posible frío infernal que se adueñaba de la ciudad días atrás.

La niña de los bolígrafos hacía de anfitriona en la tierra de los premios Príncipe de Asturias, Fernando Alonso, agua mineral Fuensanta y como no, del arte de escanciar sidra por todos los rincones.

Debo confesar que es mi primer viaje al norte de la península y por ello, creo que albergo tantas curiosidades por satisfacer. Todo esto es diferente y extrañamente peculiar en comparación con las ciudades que frecuento.

Toda mi vida he visto cubos de basura en la calle. Grandes y pequeños. Verdes y amarillos. En Oviedo, no. Aquí ni cubos de basura ni suciedad o papeles en el suelo. Es extraño pero lo mejor de todo, es que hay un calendario establecido para la recogida de basura y si no se cumple, te multan.

Por lo que he averiguado durante estos días, imagino que ciertas subcontratas de individuos con síndrome de diógenes, en plan CSI, vigilan el contenido de las bolsas. Si el día de recogida de papel, tu tiras vidrio, a la comunidad de vecinos le toca apoquinar tu gracia.

En definitiva, otro buen motivo para ver como tu vecino se convierte en tu sombra y ya no deja ni tus bolsas de basura en paz con el estúpido motivo "estaba mirando que todo estuviese en orden".

Oviedo obliga a reciclar y a ser limpio con tu ciudad. Es un buen compromiso pero siento como si alguien me observase cuando en mi mano tengo un pañuelo que no se en cuál de las 300 papeleras que tengo a mi alcance usar.

Posiblemente haya francotiradores apostados en puntos estratégicos acechando por toda la ciudad. Ahora, no dejo de mirar balcones y ventanas.

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Qué fiesta más rara [Parte II]

Tras la crónica de una fiesta anunciada y como lo prometido es deuda. He decidido aportar algunas joyitas que a mi parecer dejan bastante claro todo lo acontecido en la Casa L.




El archivo fotográfico consta de 500 fotografías, las cuales, se han convertido por diversos motivos en material intransferible. No obstante, creo que es sencillo hacerse una idea del desate.


Supongo que no hay mucho que comentar acerca del vídeo. Tan sólo son dos alumnas aventajadas de Pilar Nassarre. Calidad pura y dura.

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[Cap. 1] Dársena 32

Tras una película de Sylvester Stallone que se llamaba Over the top, y no haber vomitado creo que puedo comer cristales y hacer una digestión tranquilamente. Aunque tengo que confesar que he tenido pensamientos impuros.

Me he planteado la idea de cómo sería vivir en un camión y cuánto podría costar algo así. Es muy turbio pararse a pensarlo y más aún, darse cuenta sobre lo que reflexionas. Pero es normal, llevo dos horas de viaje - insufrible- en un autobús, aún me quedan tres horas más y el miedo a otra nueva película que visionar.

He perdido la cuenta de los clubs de carretera que he visto tras un exhaustivo análisis y descartar que sean luces de navidad. Me aventuro a escribir mi primera bitácora de un viaje que ha comenzado a las 17.30 en Méndez Álvaro.

La estación sur de autobuses de Madrid parece haberse convertido en la Expo 92 de Sevilla pero sin Curro. No obstante, cuadros hay más que en el Museo del Prado y he sentido miedo, mucho miedo.

La sesión aleatoria de Milagritos comienza a repetir canciones y aquí dentro, no se puede fumar. Creo que el aire se está acabando y pronto comenzaré a hablar con mi única compañera, una cortina de un verde difícil de describir, a causa de mis indicios de locura autobusera.

Más allá del cristal, hace un rato que no veo absolutamente nada. Oscuridad y punto final. Muy divertido, gracias.

Pese a todo, aún guardo esperanzas. Me aferro a mi propia versión de un famoso dicho "lo que mal empieza, bien termina para servidora" que con el examen de Marketing lo cumplo a rajatabla.

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Gran Hermano del Bolliestudio III

Debo decir que nunca me agradaron los reality shows aunque ésta sea la tercera ocasión en la que participo en el Gran Hermano del Bolliestudio. Los exámenes asfixian las navidades y trae encierros imaginarios donde una corre pese a saber que el toro te pillará a la vuelta de la esquina.

La ausencia de Espe como presentadora, regidora y voz cantante de las sesiones intensivas ha creado caos y confusión entre todas las que participábamos. Nadie ha dado palo al agua y es que su figura se ha convertido en un emblema para superar pruebas y en definitiva, créditos.

No hay Gran Hermano sin Mercedes Milá y por lo tanto, no hay Bolliestudio intensivo sin esta gran mujer retando a sus apuntes con una tranquilidad pasmosa y siempre con una gran sonrisa dibujada en la cara.

Supe que era especial el día que haciendo un descanso pelaba un melocotón y se lo comía como si la cosa no fuese con ella. Además, nos alimentaba como es debido y eso era de agradecer tras haber perdido nuestro norte.

Pero como siempre se quiere "chicha" en este tipo de programas pues "a bolli fuera, heteros puestas" y es que tengo que destacar, me guste o no, la inestimable participación de nuevas princesitas a las que llamaré Nunca Mais y La Siestas.

Estas dos princesitas, a parte de convertirse en las costras por antonomasia de la Casa L, han atormentado a las ya trilladas concursantes con historias de amores que podrían funcionar perfectamente en telenovelas como por ejemplo: La rumana y el caso del fantasma Portella.

Aunque el título no sugiera gran cosa debo decir que el trasfondo supera a cualquier historia turbia conocida y puedo asegurar que son muchas. Sería un éxito si diese un salto a la gran pantalla. Sinceramente, la historia tiene mucha garra y sobre todo, posibilidades.

Cuenta una historia de amor frustrado convertido en odio entre una rumana que recorría Europa en busca de su viejo amigo Portella. Lo curioso es que lo hacía en chandal y obviamente, con bolso. Todo ello, mezclado con aviones secuestrados, espionaje y como no, conversaciones que sobresaltan a cualquiera en el sofá.

Por otro lado, en esta edición también se perdía el tiempo en la cocina desarrollando facetas de cocina creativa, limpiezas exhaustivas de la Casa L, decoraciones improvisadas y todo con una única finalidad, no tocar ni un sólo libro porque el tiempo nos sobraba.

Así que visto lo visto y haciendo referencia a palabras que mi madre me ha regalado a lo largo de los años, dejo quizás un resumen breve, claro y conciso de lo que supone y supondrá nuestra tercera edición.

"Estudia que luego vendrá Paco con las rebajas"

Y sí, las rebajas ya están aquí o mejor dicho en el Portal de Servicios de la Universidad Rey Juan Carlos.

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La chica de mis sueños

Has aparecido sin yo saber cómo, en mis sueños y sin mi permiso.
Y ahora, provocas en mí, confusión y miedo.
Quiero volverte a ver, saber quién eres.
Tan sólo recuerdo las palabras silenciosas con las que marcaste mi cuello.
Hoy, las intento explicar entre mis vagos recuerdos.
Quiero volverte a ver, averiguar quién eres y terminar con esta incertidumbre.
Al menos, descubrir el nombre de la chica que me atormenta dulcemente por las noches mientras sueño.
No te invité a entrar y sin embargo, osaste retarme con tu presencia.
Ahora releo lo que un día escribí en una servilleta de bar y sonrío viendo que con el paso del tiempo he obtenido respuestas.
Ya no tengo miedo y la verdad es que tampoco tengo la necesidad de saber quién eres.

P.D: Te espero donde siempre. Más allá de las nubes del Reino Gominola.

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Si, hablo con vosotros

Queridos Reyes Magos:

Papá Noel siempre me pareció ir un poco del palo además de un farsante. Por ello, os escribo a vosotros que siempre habéis estado ahí juzgando mis hechos, palabras e incoherencias difíciles de explicar.

No se si este año he sido buena persona o no. Si mi humanidad ha caducado o inconscientemente, la he desterrado de mi ser.

Ha sido un año difícil. Repleto de piezas en mis manos que aún sigo sin saber donde ubicar en el puzzle de mi caótica vida que dura ya demasiado tiempo así.

Tengo varias peticiones. Si, soy muy exigente. Ya me conocéis. Pero si realmente analizo mis necesidades, tan sólo, pediría un corazón nuevo.

Quiero desprenderme del artilugio de cartón piedra que albergo en el pecho. Recuperar facultades mermadas con el paso del tiempo y aprender, si puede ser, otras nuevas olvidando así las heridas de guerra.

Volver a ver atardecer y sentir una embriagadora fragancia enroscándose con palabras bonitas en mis oídos y cuello. Y quizás, un poco de carbón para no volver a pasar frío.

A veces me he sentido como un mueble de IKEA del que se han perdido las instrucciones y nadie termina de saber montar usando todos los tornillos que lleva.

Se que pido demasiado pero si soy honesta con vosotros, me conformo con dejar de jugar al escondite. No quiero que este juego se prolongue más.

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