Marrónoscuroscasinegro

A veces me despierto por la noche y miro al otro lado de la almohada esperando encontrarla. En ocasiones, solo la oscuridad responde a mi mirada mientras el nórdico acuna mi propia tristeza en un intento de volver a conciliar el sueño.


Sin embargo, otras muchas veces descubro una respiración caliente en mi espalda que hace estremecer mi cajita de cartón. En esos momentos, me sorprendo sonriendo cuando la palabra “suerte” se me escapa de la mente en forma de sonrisa.

Pero sí, me quedo quieta, adormecida y sintiéndome realmente afortunada. No tengo reparo en admitirlo. Muchas veces me quedo mirándola fijamente y me ruborizo al saber que algo en mi se remueve y me agita por dentro como un pequeño remolino que va cogiendo fuerza.

Su piel con ese olor a caliente me enreda las manos. Un aroma que engancha y consigue transportarme a lugares donde todo es blanco y se mezcla con una paz casi virginal jamás conocida. Repaso con los dedos y memorizo caminos por lo que quiero volver a pasear. 

Me evado entre sábanas frías que terminan ardiendo pero que nunca queman de más ni de menos. Respiraciones que sacan mi último aliento a airearse y bocas que aún no son capaces de articular palabra. La encuentro y me encuentra. Me mira, sonrío y mi brazo consigue bombear.

Miro a través de sus oscuros ojos y me quedo anonadada por la belleza que yo nunca supe ver. Apago los míos y me dejo caer a ella sin poder esconder la sonrisa bobalicona que se me dibuja en la cara al florecer otros sentidos.

Existe de verdad, lo juro. Ella es un milagro en los tiempos que corren porque a fin de cuentas, consigue hacerme sentir como jamás he sabido interpretar. Es la primera vez que me cruzo con un ángel tan excepcional. 

Bonobo – First Fires

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